sábado, 19 de junio de 2010

La Orden

El acróbata se mece dulcemente junto a la muerte,
pactando con ella para destruir esta verdad.
Los celos del viento lo instigan al suicidio,
pues ¿donde ha quedado la ilusión?
¿Dime, sueño irrealizable,
has destruido tu única emoción?
Mirarme a los ojos te resulta imposible,
mas a mí me resulta insufrible tu desconcertante respiración.
¡Aspiración u obcecación,
permíteme arrebatarme mi único objeto de pasión!
Las estrellas me prometieron el infinito
a cambio de tu absolución.

[...]

Mi estupidez todavía lucha por tu causa.
Te respiro en mí, no me entregues a nada más, te lo imploro.

Angeline C. H.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada