martes, 24 de mayo de 2011

Sacramental, I

Índigo, como el espectral crepúsculo
en una tarde de abatimiento y condenación
se revelaban las entrañas de mis memorias.
Las demacradas espinas de las frágiles rosas carmín
con delicada firmeza mostraban la fortaleza
que mi ambición había despedido con amargura.
Y entre el rocío del enramaje
la basta llanura de la decepción resplandece
y engrandece el fulgor de la muerte
Mas, ¡ah, ella es la única que abraza mis plegarias!

La espesa ciénaga me engulle
ah, con inusitado placer.
Y manifestad que soy esclava de la demente,
reina de las almas que jamás son recordadas,
amante de las penurias
y que con sencillez beso las nubes
que jamás podré alcanzar.
Mas yo me pregunto si el lecho de mi muerte
liberará mis inquietudes
como el nimbo libera el aguacero.

Angeline C. H.

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