viernes, 23 de abril de 2010

La Dormida



Un pétalo por mi ira frustrada,

dos espinas por tu indiferencia mostrada,
tres lágrimas por mi rostro atemorizado,
cuatro gotas de sangre por mi tiempo desperdiciado...


[...]

"Y mientras arrancaba con toda mi furia las hojas de esas insensibles rosas, advertí el color escarlata que bañaba completamente mi vestido y mis demacradas manos."


"¡Si al menos así pudiese liberarme de la agonía que abraza mi alma! Esta sangre no será derramada en vano ¡No! Este sacrificio no es ni será nunca en tu nombre....Tú, que como el cristalino hielo has osado camuflarte como una sombra de mis esperanzas en este mundo perecedero y ruín. ¡Ah, como te detesto! Te has atrevido a burlar el lazo atemporal entre la vida y la muerte...

Aún escucho los llantos de los ángeles, que no pudieron impedir una blasfemia tan grande..."

Angeline C. H.

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